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Falsas creencias: las historias que en silencio dirigen nuestra vida

A veces no es la realidad la que te detiene. Es la historia que sigues contándote.

Pero esto no es solo sobre ti.

También se trata de las formas silenciosas en que tus creencias moldean a las personas a tu alrededor. Lo que transmites sin darte cuenta y las semillas que estás sembrando en otros.


Primero, veamos las creencias que llevé sin cuestionar

Durante mucho tiempo no me di cuenta de cuántas de mis decisiones estaban guiadas por creencias que nunca elegí.


Simplemente aparecieron.

“No estoy lista.”

“Ya es muy tarde.”

“Eso no es para mí.”

No las cuestioné. Construí mi vida alrededor de ellas.


Mirando atrás, veo que no venían de la verdad. Venían del miedo y de momentos en los que tomé decisiones demasiado rápido.


Una frase de Viktor Frankl en su libro El hombre en busca de sentido cambió algo en mí. Él habla del espacio entre lo que te pasa y cómo respondes. Ahí está tu libertad.

Pero si ese espacio ya está lleno de creencias limitantes, no ves la libertad. Vives en automático, como si no hubiera otra opción.


Después conecté con el trabajo de Louise Hay. Su mensaje es simple y directo: la forma en que te hablas moldea tu vida.


Eso me llevó a hacer una pausa.

Empecé a notar cuántas veces mi diálogo interno me limitaba con frases pequeñas y repetidas que con el tiempo se volvieron creencias.


Joe Dispenza también lo plantea en su libro "Evolve Your Brain". Si sigues pensando los mismos pensamientos, sigues generando la misma realidad.


Eso me ayudó a entender por qué me sentía estancada.


Tony Robbins habla de las creencias como reglas que tú creas.

En algún momento creé reglas como:

“Si fallo, significa que no soy capaz”.

“Si es incómodo, no es para mí.”

Al principio se sentían como protección. Después me limitaron.


Mi conclusión:

Una creencia es un pensamiento que has repetido tantas veces que se siente verdadero.

Eso es todo.

No es un hecho.

No es tu identidad.

Es una historia que has practicado.


Cuando empecé a cuestionar cada creencia, algo se abrió.

No de un día para otro.

No de forma perfecta.

Pero suficiente para permitirme ver que tenía más opciones de las que pensaba.


Ahora, veamos las creencias que puedo estar creando en otros

Y aquí es donde se vuelve incómodo.

No solo se trata de las creencias que llevas. También de las que transmites.


Como madre, he dicho cosas como:

“Ten cuidado, eso es difícil.”

“Tal vez eso no es para ti.”

“No apuntes tan alto.”

Y las he dicho para proteger.

Pero, ¿cuántas veces esas palabras sembraron duda en lugar de confianza?


En las relaciones es más sutil.

Un comentario.

Una reacción.

Falta de confianza.

Pequeños momentos que dicen en silencio:

“No eres capaz.”

“No deberías intentarlo.”

“Quédate en lo seguro.”


En el trabajo, cuando lideras o influyes en otros, esto pesa aún más.

“Así siempre se ha hecho.”

“Aún no estás lista o listo.”

“Eso no va a funcionar.”

Suena realista.

Pero puede limitar las posibilidades de otra persona.


Brené Brown habla del coraje y la vulnerabilidad como base del crecimiento.

El miedo o la vergüenza pueden cerrar a las personas antes de que empiecen.


Ahora no solo presto atención a lo que creo, sino también a lo que refuerzo en otros.

Porque el trabajo no es solo reescribir tu propia historia.

También es crear espacio para que otros escriban la suya.

Sin miedo.

Sin límites.

Sin dudas heredadas.


Demos un paso atrás y veamos el panorama completo

Durante mucho tiempo pensé que este trabajo era solo sobre mí.

Mis creencias.

Mi crecimiento.

Mi sanación.

Y sí, lo es.

Pero también es más grande que eso.

Cada palabra.

Cada reacción.


Las creencias que tienes no se quedan contigo.

Se expanden.

A tus hijos.

A tu pareja.

A tu familia.

A tu equipo.

Cada pensamiento.

Cada creencia.

Cada palabra es una semilla.

Entonces pregúntate:

¿Qué estoy sembrando en las personas que amo? ¿En las personas que lidero? ¿o con las que me relaciono?

 
 
 

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