El cuerpo que deje de exigir y empecé a habitar
- Liliana Gélvez

- hace 6 horas
- 2 min de lectura
A través de mi blog los he invitado a reflexionar sobre la forma en la que observamos.
Hoy quiero contarles algo desde mi propia experiencia.
Durante años observé mi cuerpo como una herramienta.
Ahora puedo ver cuánto lo sobrecargaba.
Horas en el gimnasio, largas jornadas de trabajo, siempre buscando estudiar algo más, rendir al máximo profesionalmente y dar lo mejor de mí como mamá.
Cuidar a la familia, dejar cada noche todo listo para la siguiente jornada, hacer espacio también para los compromisos sociales y familiares… y, por supuesto, dormir muy poco.
Debido a una lesión en mis rodillas empecé a practicar Vinyasa Yoga hace más de 15 años. Un cambio que no fue fácil porque me gustaban deportes de más impacto como correr y hacer spinning.
Y hace poco más de un año descubrí que, en realidad, sabía muy poco de lo que significa el yoga.
Empecé a conocer el Yoga Nidra, Hatha, Yin, Kundalini, Embodied Movement, Ecstatic Dance, Pranayama y mucho más. Entonces el yoga dejó de ser una práctica en mi vida y se convirtió en un camino.
Y ese camino transformó la forma en la que observaba mi cuerpo.
Hoy ya no solo lo observo.
Lo contemplo.
Lo reconozco y habito como mi templo.
Y mi relación con él cambió completamente.
Ahora lo cuido.
Me esfuerzo por darle el descanso que necesita.
Observo qué alimentos necesita y cómo responde a ellos.
Le doy espacio para moverse y fortalecerse, para ganar flexibilidad y energía.
Cuido los pensamientos que habitan en mi mente y dejo ir con mayor facilidad aquellos que no me traen paz.
Contemplo la naturaleza con todos mis sentidos.
Y también contemplo mi cuerpo, milímetro a milímetro.
Quizás de eso se trata también cambiar la mirada.
Dejar de vernos únicamente desde lo que podemos producir, lograr o hacer.
Y empezar a reconocernos desde el lugar de quienes somos.
Mi invitación hoy es a cambiar la mirada.
Explorar el mundo desde otra orilla.
Tal vez lo tuyo no sea el yoga. Y está bien.
Quizás sea caminar, bailar, pintar, meditar, estar en la naturaleza, aprender algo nuevo… lo que sea que te permita asombrarte y descubrir otras posibilidades.
Porque cuando cambiamos la mirada, también podemos descubrir nuevas formas de habitarnos.
De amarnos de verdad.
Y de caminar con mayor consciencia este rato que hemos sido honrados con el privilegio de habitar nuestro bello cuerpo.
¿Desde dónde estás observando hoy tu cuerpo… y tu vida?
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